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Jordi Ojeda: Buenas tardes a todos. Buenas tardes, Javier.

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Javier Jiménez Barco: ¿Qué tal, Jordi?

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Jordi Ojeda: Es un placer volver a saludarte, y más con una noticia tan interesante para todos los aficionados: la publicación de Conan el Bárbaro en el cómic, el cine y la televisión. Estamos con su autor, Javier Jiménez Barco, en la presentación de este libro publicado por Diábolo Ediciones dentro de su colección de cultura popular. Con Javier hemos tenido la oportunidad de presentar prácticamente todos sus libros publicados en Diábolo, que ya son unos cuantos.

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Este volumen en concreto forma un díptico con el anterior, Conan el Bárbaro: Su travesía por la literatura. Prácticamente solo han pasado seis meses desde aquella publicación, por lo que lo tenemos muy reciente. También hicimos la presentación en su día, así que tenemos la charla y la lectura muy frescas, lo cual me ha venido muy bien para complementar la investigación y divulgación de todo lo que acontecía alrededor del personaje creado por Robert E. Howard. Esto se enmarca dentro de lo que podríamos llamar el «universo Diábolo» o el «universo Javier Jiménez Barco». Recordábamos que el primer volumen de Conan tenía muchas reminiscencias con tu libro Chicago-Marte por 15 centavos, una historia de las revistas pulp, debido a su estrecha vinculación para contextualizar la época en que se publicaron los relatos iniciales. Ahora publicas esta segunda parte que complementa a la anterior, la cual estaba centrada en los relatos, la literatura y el trabajo posterior a la muerte de Howard. En este nuevo libro haces un repaso por las adaptaciones de las historias originales y las posteriores en el cómic (que tiene una parte muy importante), el cine, el teatro (que es más anecdótico), la televisión, los juegos de mesa y el merchandising. Al final, este libro es un reconocimiento a la imagen icónica del personaje a nivel mundial; hoy en día es plenamente reconocible tanto en el aspecto visual como en su personalidad, pero especialmente por su iconografía. Hay que destacar la importancia de contar también con el primer libro, porque allí dedicabas un espacio muy relevante a los ilustradores de las portadas. Esos artistas han tenido una gran influencia en esta segunda parte, centrada en los dibujantes de cómics y cine, en un proceso evolutivo donde se va incrementando el canon visual del personaje. ¿Qué ha supuesto para ti realizar este análisis más gráfico que literario sobre Conan?

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Javier Jiménez Barco: El año anterior había hecho un díptico muy similar sobre Sherlock Holmes. Por lo tanto, ya estaba un poco acostumbrado a centrarme en un personaje y volcar toda la información relevante sobre las fuentes literarias en un primer libro —que es donde realmente está la esencia—, para luego dedicar el segundo volumen a sus representaciones más populares o conocidas por el gran público, como el cómic, el cine y la televisión.

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En este sentido, y tratándose de un personaje como Conan con el que llevo familiarizado prácticamente toda mi vida —supongo que a ti te sucede lo mismo—, el proceso ha sido muy cómodo y grato. Como bien dices, el primer libro se centró en el aspecto literario, pero también comentaba las representaciones gráficas de sus diferentes portadistas: desde las primeras apariciones de Conan en Weird Tales, con las ilustraciones interiores y portadas de Margaret Brundage, pasando por las portadas de Kelly Freas en los tomos de tapa dura de los años cincuenta, hasta llegar a Frank Frazetta. Creo que Frazetta es un pilar fundamental en la iconografía del personaje y su visión influyó notablemente en lo que se hizo después tanto en el cómic como en el cine. De hecho, a tenor de la supuesta última película de Conan que Arnold Schwarzenegger ha mencionado que quiere hacer, se comenta que John Milius, guionista también de ese proyecto, se ha basado mucho en la iconografía de Frazetta. Es increíble que casi cincuenta años después esas portadas sigan teniendo tanto peso en el personaje. En el cómic también influyó; quizá menos al principio, cuando estaba Barry Windsor-Smith, pero cuando llegó John Buscema fue evidente que se basó muchísimo en la visión de Frazetta.

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Jordi Ojeda: En tu libro, que como siempre es muy extenso en cuanto a investigación, hablas de las adaptaciones en cómic anteriores a la época de Marvel. Incluso mencionas la curiosidad de que Conan apareciera rubio en algunos momentos, algo que casi podríamos considerar la «prehistoria» del personaje en las viñetas.

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Javier Jiménez Barco: Sí, es algo más bien anecdótico, pero cuando realizas un estudio completo sobre el personaje en el cómic tienes que recogerlo.

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Jordi Ojeda: Me parece fenomenal. Había oído hablar de esas publicaciones, pero no era consciente de ellas ni recordaba las imágenes, así que me ha parecido muy completo. Sin embargo, la realidad es que el verdadero boom surge cuando Marvel decide apostar por Conan. Ahí comenzó una etapa de treinta años, entre los años setenta y casi el final de siglo, en la que disfrutamos de los mejores cómics. En tu forma de escribir vas explicando de manera cronológica cómo se tomaron las decisiones. Siguiendo ese orden, el principio lo marca la elección de Barry Windsor-Smith como dibujante inicial a partir de los guiones de Roy Thomas. Esto condicionó una estética muy alejada de la imagen de Frazetta y de la posterior de Buscema, mostrando a un personaje más esbelto.

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Javier Jiménez Barco: Es curioso, porque en principio a Stan Lee, que era quien tomaba las decisiones en 1970, le gustaba Thongor. Le daba igual Conan o Thongor porque no conocía a fondo el tema, pero le parecía que Thongor sonaba mucho más rotundo; ya sabes que él se guiaba mucho por la sonoridad de los nombres, como Reed Richards o Jonah Jameson. Sin embargo, los derechos de Thongor salieron un poco más caros. Roy Thomas tampoco era un experto en Conan por entonces; solo tenía la edición de Conan el Aventurero de Lancer, que había comprado precisamente por la cubierta de Frazetta. Decidió investigar el estado de los derechos y se dio cuenta de que Thongor era una especie de pastiche de Conan. Es tremendo pensar que estuvieron a punto de adaptar un pastiche en lugar de ir directamente a la fuente original.

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Jordi Ojeda: Es la curiosidad de cómo suceden las cosas por casualidades. Si las tarifas hubieran sido diferentes, a saber qué habría pasado.

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Javier Jiménez Barco: Sí. Además, cuando Roy Thomas habló con Glenn Lord se entusiasmó tanto que aceptó pagar una cantidad considerable por los derechos. Luego se dio cuenta de que se había excedido del presupuesto, por lo que tuvo que recortar los costes reduciendo su propio sueldo y, sobre todo, el del dibujante. Eso dejó fuera a John Buscema y a Gil Kane, que eran los principales candidatos iniciales. No podían pagarle a Buscema con ese presupuesto, así que apostaron por un joven Barry Windsor-Smith, que acababa de llegar de Reino Unido para abrirse camino en el mercado americano, a ver qué tal lo hacía.

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Jordi Ojeda: Cabe decir que parte de estas anécdotas las pudimos escuchar de primera mano en Barcelona de la boca de Roy Thomas cuando visitó el Salón del Cómic hace justo diez años. Fue un honor asistir a sus charlas.

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Javier Jiménez Barco: Qué envidia, Jordi. Ese hombre es historia viva del cómic americano.

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Jordi Ojeda: Impresionante. Además, coincidió con Esteban Maroto, y comentaban que llevaban muchísimos años trabajando juntos pero nunca se habían conocido en persona.

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Javier Jiménez Barco: Claro, es que Maroto había dibujado ilustraciones interiores para las ediciones de Lancer y de Ace Books. Ace básicamente hacía la misma edición de Lancer, pero incorporaba una serie de filigranas y dibujos interiores realizados por Esteban Maroto. Años después, durante el boom de Marvel, Maroto llegó a realizar varias historias con Roy Thomas; por ejemplo, una de las primeras de Red Sonja en solitario y una adaptación de una novela de Andrew J. Offutt. Habían colaborado mucho, pero a distancia.

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Jordi Ojeda: En esta etapa inicial tenemos a un Barry Windsor-Smith pletórico y con muchísima energía, pero también tan detallista que le costaba cumplir con las fechas de entrega, según explicas en el libro.

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Javier Jiménez Barco: A lo mejor me gano la antipatía de algunos, pero reconozco que los dos primeros números de Conan no me gustan especialmente; no veo en ellos el espíritu de Conan ni de la Era Hiperbórea. Sobre todo el primero te hace dudar de si están en el espacio o en otro lugar. Sin embargo, a partir del número tres o cuatro le va cogiendo el truco y experimenta un ascenso absoluto. La escenografía es tremenda y el estilo es magnífico. Lo que ocurre, como comentas, es que ese exceso de detalles le exigía cada vez más tiempo.

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Hay una anécdota muy famosa que no incluí en el libro por no extenderme más con Windsor-Smith: en el episodio La cosa en la cripta, hay una viñeta repleta de moneditas del tesoro que han encontrado; si te fijas bien en las monedas, Barry Smith camufló un mensaje que decía algo así como: «¿Qué narices estoy haciendo yo dibujando todas estas moneditas?». El hombre pasaba horas en una sola viñeta. Por eso, tras el cruce con Elric de Melniboné, decidió dejar la colección. Se despidió a lo grande con un par de páginas entintadas por él mismo que muestran un nivel de detalle impresionante, donde se aprecian perfectamente los tallos de la hierba mientras Conan se aleja. Es de una elegancia maravillosa y ahí empezaba a apuntar hacia ese estilo prerrafaelita que desarrolló poco después. Esa fue su primera marcha de la colección. Luego recurrieron a un par de historias que él había hecho para la revista en blanco y negro, a las que aplicaron color para ganar tiempo.

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Jordi Ojeda: De ese modo, Marvel aprovechó para continuar la colección principal y buscar un sustituto.

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Javier Jiménez Barco: Exacto, sirvió para que Gil Kane, que era el relevo previsto, pudiera producir dos números más. Gil Kane hizo un buen trabajo, aunque a mí no me entusiasma para este personaje; me parece un gran artista, pero creo que no era el adecuado para Conan. Su paso sirvió de puente hasta la irrupción de John Buscema.

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Hubo un breve regreso de Barry Windsor-Smith en la que considero su obra cumbre con el personaje —además de Clavos rojos—: la saga de la corte de Makkalet, al término de la cual presentó al personaje de Red Sonja adaptado al mundo hiperbóreo con mucho tino por parte de Roy Thomas. Después de la historia La canción de Red Sonja, que también entintó él mismo, decidió dejarlo definitivamente. Para entonces la colección se vendía tan bien que Marvel se pudo permitir pagar más al dibujante, y ahí es cuando se incorporó John Buscema. En su primer episodio creo que Buscema se entintó a sí mismo, y luego llegó Ernie Chan. Por aquel entonces firmaba como Ernie Chua porque al emigrar le registraron mal el apellido; tiempo después logró recuperarlo y empezó a firmar como Ernie Chan. Esos primeros números con Buscema y Ernie Chan me parecen magistrales. Con el tiempo Chan se volvió más barroco y tendió a recargar las páginas, pero en esos primeros años el tándem Buscema-Chan era formidable.

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Jordi Ojeda: Toda esa época de esplendor del personaje fomentó las iniciativas para producir una película. Se llevaba años hablando de ello y al final coincidió el éxito de Marvel a finales de los setenta con la producción cinematográfica de principios de los ochenta, creando una gran conexión entre el cómic y el cine.

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Javier Jiménez Barco: Sí, por supuesto. De hecho, hay varios elementos del guion cinematográfico que no proceden del canon literario de Robert E. Howard, sino de los cómics de Roy Thomas. Por ejemplo, hace poco falleció el actor Jack Taylor, un clásico del cine de género afincado en España que interpretaba al sacerdote en la película.

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Jordi Ojeda: Coincidí con él en Sitges cuando presentamos el Blu-ray de la nueva edición de Conan el Bárbaro; él fue quien lo presentó hace unos seis o siete años.

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Javier Jiménez Barco: Es un papel muy pequeño. No llego a mencionar a Taylor en el libro porque apenas aparece veinte segundos en pantalla, pero es una escena muy simpática que la gente recuerda: cuando Conan se disfraza con el hábito del sacerdote para infiltrarse en el templo enemigo. Eso está extraído directamente del número 56 del cómic de Barry Windsor-Smith y Roy Thomas. Como ese, hay multitud de pequeños detalles que no pertenecen a los relatos de Howard, sino a las viñetas de Marvel.

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Jordi Ojeda: En tu libro dedicas capítulos separados a estos temas, pero al explicar cronológicamente el desarrollo del proyecto cinematográfico se entiende que el resultado final fue fruto de múltiples iteraciones sobre el guion con aportaciones de personas muy diversas. Siempre se presume que el guion es de Oliver Stone, pero la realidad es que la mano de John Milius fue muy importante.

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Javier Jiménez Barco: Se habla mucho del guion de Oliver Stone, pero poca gente lo ha leído realmente. Su propuesta era muy buena, pero como bien dijo Milius, era una auténtica locura. Para empezar, ambientaba la historia en un futuro postapocalíptico. No es la primera vez que ocurre algo así; en Bloodstar de Richard Corben —que adapta el relato El valle del gusano de Howard—, en lugar de situar la acción en una época primigenia, se ambienta en un mundo postapocalíptico que ha regresado a la barbarie. Oliver Stone intentó dar una vuelta de tuerca similar, lo cual, como aficionado a Conan, me parece un cambio innecesario.

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Jordi Ojeda: Da la impresión, y también lo comentas en el libro, de que en varios de los proyectos cinematográficos resulta evidente que algunos implicados ni siquiera se habían leído la obra de Howard.

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Javier Jiménez Barco: En el caso de Oliver Stone sí la conocía, porque su guion original mezclaba tres o cuatro historias del canon. Lo que ocurre es que, como él mismo ha reconocido en años posteriores, por entonces consumía cocaína a diario y su estado influyó en que se le fuera de las manos. Era un guion potente, pero había que pulirlo con cuidado para ver qué elementos se podían salvar. Por ejemplo, incluía batallas entre ejércitos mutantes de diez mil contra ocho mil efectivos. Rodar eso en los años ochenta era imposible; lo más parecido que hemos visto han sido las escenas de El Señor de los Anillos de Peter Jackson utilizando multitudes digitales, pero en aquella época era inviable. John Milius fue quien le aportó ese toque épico tan necesario. Spielberg siempre decía que los diálogos más épicos de Tiburón los reescribió Milius porque eran muy amigos y sabía que él le daría esa fuerza. El sentido de la épica no lo tiene cualquiera y Milius le aportó a Conan exactamente eso.

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Jordi Ojeda: La primera película ha aguantado perfectamente el paso del tiempo, mientras que el resto de las adaptaciones han envejecido de forma más irregular.

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Javier Jiménez Barco: Las demás han envejecido fatal. En cambio, vuelves a ver la primera de Conan y sigues apreciando que es una gran película. Hace poco lo comentaba en redes sociales con un amigo: el Conan de la película no es exactamente el personaje de los libros, pero se lo perdonas porque la película es notable y mantiene su vigencia.

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Jordi Ojeda: Esto creo que lo comentamos en nuestro primer encuentro. A los que leíamos los cómics nos sorprendió el origen cinematográfico de Conan, especialmente la escena en la que pasa años empujando aquella rueda de molino.

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Javier Jiménez Barco: ¿La Rueda del Dolor? Eso es un recurso muy propio de Hollywood. A mí me encantan las historias de venganza bien contadas, como Ben-Hur, El conde de Montecristo o El jorobado de Lagardère; tienen mucha fuerza, pero en el caso de Conan introducir la venganza como motivación principal cambia la esencia del personaje. Además, el hecho de que pase tantos años como esclavo recuerda más a Kull que a Conan. En los relatos de Kull de la Atlántida sí se menciona su etapa en las galeras, elemento que se adaptó para la Rueda del Dolor. El Conan literario no habría soportado quince o veinte años en esa situación; en cuanto hubiese recuperado un poco de fuerza habría acabado con los guardianes y se habría escapado. No resulta del todo lógico para su carácter. En el guion de Oliver Stone, Conan sí era capturado por la gente de Thulsa Doom pero se escapaba pronto. La Rueda del Dolor fue una aportación de Milius para enfatizar el tono de sufrimiento y posterior venganza. Argumentalmente me chirría un poco, pero artísticamente reconozco que tiene su encanto; esa transición donde vemos al niño interpretado por Jorge Sanz empujando la rueda y, al levantar la cabeza, ya es Arnold Schwarzenegger, es muy icónica.

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Jordi Ojeda: Quizá un psicólogo diría que es una forma rápida y visual de definir el perfil del personaje para que el espectador empatice inmediatamente con su sufrimiento. Más allá de eso, debemos celebrar el resto de la película, que sí es más cercana al espíritu de los libros y de los primeros cómics.

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Javier Jiménez Barco: Es verdad. El episodio en la Torre de la Serpiente evoca claramente al relato La torre del elefante. Toda esa parte se mantuvo del guion original. A partir de ahí, la influencia de Oliver Stone desaparece y todo es obra de Milius. Él creó al personaje de Valeria para el cine; en el guion de Stone aparecía una reina, pero no existía ese interés amoroso por parte del cimerio. Milius decidió llamarla Valeria tomando el nombre de la compañera de Conan en Clavos rojos, lo cual tiene lógica porque también es una hábil espadachina, aunque en la película su destino final y su regreso de entre los muertos se parecen mucho más a Bêlit, de La reina de la Costa Negra. Los aportes de Milius en ese guion son excelentes. Volví a ver la película hace unos meses mientras escribía el libro y disfruté muchísimo.

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Jordi Ojeda: En el libro también hablas de la importancia de los productores, en plural, refiriéndote a Dino De Laurentiis y a su hija Raffaella. Tuvieron un papel muy destacado en el cine de los ochenta, tanto para lo bueno como para lo malo.

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Javier Jiménez Barco: Sí, Raffaella De Laurentiis creyó firmemente en el proyecto y lo defendió. De hecho, durante el rodaje de la segunda película surgió un problema grave con las autoridades mexicanas que estuvo a punto de arruinar la producción, y ella lo solucionó con gran profesionalidad. Durante la primera película, cuando nadie creía en el proyecto y este iba de productor en productor, Dino De Laurentiis fue quien dio el paso adelante. Al principio no estaba de acuerdo con la contratación de Arnold Schwarzenegger, pero acabó cediendo. Los De Laurentiis fueron fundamentales para que el proyecto saliera adelante, pero también fueron los responsables de que la franquicia decayera. Una vez que John Milius dejó de llevar el timón, las decisiones creativas de los productores empezaron a tener demasiado peso, y ellos no estaban capacitados para la dirección artística.

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Jordi Ojeda: Hay que reconocer en su favor que gracias a ellos la primera película se rodó en España, cuando inicialmente estaba previsto rodarla en el centro de Europa.

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Javier Jiménez Barco: Tuvieron un problema político bastante grave en Centroamérica y Europa del Este y decidieron trasladar la producción a España, donde encontraron todo lo que necesitaban. En el libro intento detallar las localizaciones: se utilizaron naves industriales a las afueras de Madrid y en Torrejón de Ardoz, multitud de paisajes en Almería que todavía hoy se pueden identificar, y parajes como la Ciudad Encantada de Cuenca. En cuanto a localizaciones, la primera película es muy superior a Conan el Destructor. A esto hay que añadir la excelente banda sonora de Basil Poledouris. Es una de las partituras más icónicas y caras de la historia del cine porque emplearon una orquesta enorme y requirió varias regrabaciones cuando se alteró el montaje de algunas escenas, pero está a la altura de la calidad de la película. Cuando Milius abandonó el proyecto en la segunda entrega, las cosas empezaron a desmejorar. Poledouris repitió como compositor, pero para ahorrar costes le asignaron una orquesta mucho más reducida que sonaba enlatada, perdiendo toda la fuerza de la original.

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Jordi Ojeda: Un dato que desconocía y que indicas en el libro es que se había proyectado realizar hasta doce películas, concibiendo el proyecto como una saga al estilo de James Bond para mantener al personaje en cartelera durante veinte años.

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Javier Jiménez Barco: Es que era lo lógico. Hablamos de un personaje con un canon literario muy rico y con un impacto enorme en los cómics, que ya contaba por entonces con cerca de doscientos números publicados. El material daba perfectamente para ello. Ese proyecto de doce películas —que luego se redujo a ocho— ya se contemplaba desde la época de Oliver Stone, quien lo confirmó en entrevistas posteriores.

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Jordi Ojeda: Es una pena que no tuviéramos ni siquiera una trilogía en condiciones. Además, en Red Sonja, para evitar el pago de derechos de propiedad intelectual, el personaje de Arnold Schwarzenegger no se llama Conan, aunque visualmente lo sea.

00:20:37.500 --> 00:21:37.500
Javier Jiménez Barco: Le cambiaron el nombre y a Schwarzenegger lo engañaron; fue una mala jugada de los productores. A esas alturas, los De Laurentiis ya controlaban todo a su antojo. En la primera película, Dino De Laurentiis quería encargar la música a Ennio Morricone, pero Milius se impuso y exigió a Poledouris, definiendo exactamente el tono wagneriano y épico que buscaba, inspirado en el Alexander Nevsky de Prokófiev y el Carmina Burana. Poledouris le dio exactamente lo que pedía. En Red Sonja, al tener los productores total libertad, llamaron finalmente a Morricone. Sin embargo, a pesar de las grandes obras de Morricone, casi nadie recuerda la banda sonora de esa película. A partir de Conan el Destructor se empeñaron en que debían ser películas para todos los públicos porque les había quedado la espinita de que muchos niños no pudieron entrar a ver la primera entrega por su calificación. Pero es que la historia de Conan no es para niños; su gracia radica en que es un mundo duro, con altas dosis de violencia y erotismo. Si le quitas eso, desdibujas al personaje y conviertes su mundo en algo intrascendente, que es lo que ocurrió en parte con la segunda película y totalmente con Red Sonja.

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Jordi Ojeda: Mientras todo esto ocurría en los años ochenta, en paralelo se seguían publicando los cómics de Marvel, que encadenaron tres décadas de éxitos. Hubo periodos con altibajos y series mejores que otras, hasta que llegó un momento en que, no sé si por agotamiento o falta de ideas, Marvel renunció a los derechos de publicación.

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Javier Jiménez Barco: Sí, funcionaba por rachas. Hubo momentos muy flojos, etapas de mantenimiento y algunos destellos de calidad. Al final consideraron que el personaje estaba agotado y que no había propuestas interesantes que aportar; en los últimos años ya ni siquiera mantenían una serie regular, sino miniseries de corta duración, hasta que abandonaron la franquicia. A principios de siglo llegó Dark Horse y demostró que el personaje seguía plenamente vigente, algo que debió de escocer en las oficinas de Marvel.

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Jordi Ojeda: Dark Horse aplicó una fórmula muy moderna: un reinicio o reboot.

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Javier Jiménez Barco: Sí, hicieron un reinicio pero siendo completamente respetuosos con las raíces del personaje. El trabajo de Kurt Busiek y Cary Nord desde cero tuvo muchísimo mérito, logrando entusiasmar de nuevo a los aficionados veteranos con un enfoque fresco. Más adelante se incorporó Tomás Giorello y el nivel fue espectacular. Sin embargo, a Dark Horse le acabó ocurriendo lo mismo que a Marvel, aunque en un periodo más comprimido: llegó un punto en el que rebajaron el nivel de exigencia, publicando numerosas series limitadas y cómics rutinarios que no estaban hechos con el cuidado necesario, lo que les llevó a perder los derechos. Como comento en el libro, la franquicia regresó a Marvel por una breve temporada y actualmente la tiene Titan Books, cuyo trabajo actual me parece excelente.

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Jordi Ojeda: El regreso a Marvel se percibió como un acontecimiento mundial muy esperado, pero duró poquísimo. Dejó una sensación extraña.

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Javier Jiménez Barco: Tuvo aportaciones buenas y otras que no lo fueron tanto, resultando un poco decepcionante para muchos sectores; creo que Marvel no estuvo a la altura de las expectativas. No es que hicieran un mal trabajo, pero lo que está ofreciendo ahora Titan Books es precisamente lo que la gente esperaba. Titan parte del canon clásico de Marvel; por ejemplo, en los últimos números de La espada salvaje presentan una historia de Conan con los kozakos, y el dibujante le ha puesto el mismo chaleco que lucía en la etapa clásica de Roy Thomas y John Buscema. También han mantenido el diseño icónico de Bêlit. Con estos detalles están mandando el mensaje de que su Conan es el mismo que los lectores disfrutaron en la época dorada de Marvel.

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Jordi Ojeda: Detrás de eso debe de haber una gestión de derechos muy curiosa para poder respetar esa iconografía específica sin problemas legales.

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Javier Jiménez Barco: Tienen los derechos principales del personaje y el guionista Jim Zub —que ejerce un papel similar al de un Roy Thomas moderno— propone historias escritas al estilo de la mejor época. Tienen muy en cuenta el canon de Marvel pero de una manera implícita, manteniéndose en una línea prudente para ofrecer guiños a los aficionados sin incurrir en conflictos legales. Es una fórmula inofensiva y muy bien ejecutada que está funcionando de maravilla. Espero que continúen así por muchos años.

00:25:11.266 --> 00:25:34.266
Jordi Ojeda: En tu libro explicas una anécdota muy curiosa de la que yo había oído hablar pero de la que apenas existen imágenes: en pleno auge del estreno de la película se realizó una obra de teatro o espectáculo en Estados Unidos al que asistieron los continuadores literarios de Conan. Recopilas incluso un artículo escrito por la esposa de uno de ellos.

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Javier Jiménez Barco: Sí, Catherine Crook de Camp, la esposa de L. Sprague de Camp. Como explico en el primer libro, Sprague de Camp se había erigido en la máxima autoridad sobre Conan por aquella época, con todo lo bueno y lo malo que aquello conllevó. Cuando se inauguró el espectáculo de Conan en los estudios de Universal Studios, les invitaron. Estuvieron allí un par de días, conocieron al elenco y disfrutaron de la experiencia. A la hora de escribir una reseña, Sprague de Camp delegó en su esposa, y fue Catherine quien redactó el artículo. En mi libro incluyo fragmentos de ese texto porque ella vivió el espectáculo en directo. Hoy en día, si buscas en YouTube, se pueden encontrar fragmentos grabados de aquella atracción, aunque no esté el pase completo. Cuando yo visité Universal Studios el espectáculo ya llevaba cerca de diez años cancelado, por lo que no pude verlo en persona y tuve que documentarme a través de los vídeos disponibles y del testimonio de la señora De Camp. Fue una rareza muy interesante que se mantuvo en cartelera durante bastantes años.

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Jordi Ojeda: Dedicas también un capítulo a la televisión que se puede dividir en dos vertientes: la serie de imagen real y las adaptaciones de animación, que resultaron experiencias bastante fallidas. A pesar de todo, la serie de imagen real tenía cierta aceptación gracias a su protagonista musculoso, ¿no?

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Javier Jiménez Barco: No tengo nada en contra de Ralf Moeller, aunque como actor fuera un poco inexpresivo. El problema no era él, sino la producción, la dirección, los guiones y el enfoque general que le dieron a las aventuras de Conan. Es inexplicable que se invirtiera dinero en un producto tan deficiente; para hacer una adaptación de tan baja calidad, habría sido mejor no hacer nada. Simplemente querían explotar la marca comercial.

00:27:23.599 --> 00:27:36.000
Jordi Ojeda: Gracias a tu libro descubrí la película de Red Sonja de 2025, una producción de la que no estaba al tanto, y coincido plenamente con tus comentarios sobre el resultado final de la cinta.

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Javier Jiménez Barco: La pobre Sonja no ha tenido fortuna en el cine. Aunque en el canon literario original de Howard es un personaje independiente que no guarda relación con Conan, en los cómics sus caminos se cruzaron de forma habitual. Por esa razón, al analizar la trayectoria de Conan, consideré obligado hablar brevemente de Red Sonja tanto en las viñetas como en sus adaptaciones cinematográficas —motivo por el cual no abordo las películas de Kull el Conquistador o Solomon Kane, pero sí las de Sonja—, puesto que comparten el marco de la Era Hiperbórea. Lamentablemente, las adaptaciones cinematográficas de este personaje han sido muy deficientes.

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Jordi Ojeda: Hay un pasaje en el libro donde mencionas el momento en que Conan encuentra la espada de un antiguo rey en una tumba, y planteas la hipótesis de que pudiera pertenecer al rey Kull.

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Javier Jiménez Barco: En el bloque final del libro dedicado al merchandising y la memorabilia, hablo de las réplicas oficiales de las dos espadas más famosas de las películas. La que encuentra en la tumba se comercializa bajo el nombre de «Espada Atlante». Dado que Kull era originario de la Atlántida, encaja perfectamente la teoría de que fuera su espada.

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Jordi Ojeda: En la última parte del volumen analizas las adaptaciones en los videojuegos, los juegos de rol y el merchandising. Es una sección más acotada pero fundamental para comprender cómo se ha consolidado la iconografía del personaje.

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Javier Jiménez Barco: Me parecía imprescindible incluir este apartado porque hoy en día mucha gente descubre a los personajes de ficción a través de los videojuegos. Un ejemplo claro lo tenemos en Geralt de Rivia, el protagonista de la saga de Geralt de Rivia; yo conocí al personaje a través de las excelentes novelas de Andrzej Sapkowski —magníficamente traducidas al castellano por José María Faraldo—, pero la generación de mis hijos lo descubrió principalmente a través del videojuego The Witcher. Con Conan ocurre exactamente lo mismo: los veteranos lo conocemos por los libros o los cómics, pero hay muchos jóvenes de veinte años que se han acercado al cimerio a través de videojuegos como Age of Conan o Conan Exiles. Era de rigor hablar de ello. También le debo a un buen amigo el haberme organizado una sesión con el juego de tablero de la editorial Monolith. La fotografía que aparece en el libro ilustrando esa sección corresponde a una partida real de ese día. Se están haciendo productos muy cuidados y recomiendo encarecidamente ese juego de mesa de Monolith si se dispone del tiempo, el presupuesto y el espacio necesarios, porque la calidad es magnífica.

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Jordi Ojeda: En la introducción dejas caer la posibilidad de realizar un tercer volumen dedicado a los otros personajes de Robert E. Howard.

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Javier Jiménez Barco: Es un proyecto que tengo que concretar con Lorenzo Pascual, el director de Diábolo Ediciones. Coincidimos mucho últimamente pero siempre rodeados de gente, por lo que no hemos podido sentarnos a hablarlo con calma. Mi idea original para cerrar el ciclo sería publicar un tercer volumen titulado Los universos salvajes de Robert E. Howard, dedicando capítulos específicos a Kull, Solomon Kane, Bran Mak Morn, las historias de memoria racial, Turlogh Dubh O'Brien o El Borak. Cada sección abordaría el canon literario de cada personaje y sus respectivas adaptaciones en cómic o cine, en los casos en que existan. Sería un broche de oro muy interesante para ofrecer una visión de conjunto a todos los aficionados. En este segundo libro hago referencias constantes a estas conexiones porque Roy Thomas era muy dado a adaptar relatos de otros personajes de Howard al universo de Conan; constantemente apunto cómo transformó una historia de El Borak o de ambientes del salvaje Oeste para integrarla en la Era Hiperbórea, recurriendo a veces a relatos difíciles de adaptar donde la fórmula no siempre funcionaba. Al estar inmerso en la edición y publicación de la obra de Robert E. Howard en España, detecto inmediatamente el origen de cada argumento, pero es una información que el lector general puede pasar por alto. Un tercer volumen serviría para contextualizar todos esos universos paralelos.

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Jordi Ojeda: Hay que poner en valor la magnífica labor de recuperación que estás realizando al editar y traducir al castellano la obra de Robert E. Howard en ediciones muy cuidadas.

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Javier Jiménez Barco: Llevo muchos años publicando a Howard y hemos rescatado multitud de textos inéditos o que nunca se habían editado de forma completa en nuestro idioma. En el mundo editorial suele ocurrir que si un editor decide publicar a Alejandro Dumas, recurre invariablemente a Los tres mosqueteros sin investigar si existen manuscritos menos conocidos. Con Howard pasaba lo mismo: todo el interés se concentraba exclusivamente en Conan, cuando todavía queda muchísimo material de gran calidad por difundir de manera íntegra.

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Jordi Ojeda: Animamos a todos los lectores y oyentes a que no se limiten a estos dos volúmenes sobre Conan, sino que descubran todo tu catálogo de traducciones y ediciones sobre Howard, que es encomiable. Para ir concluyendo la charla, ¿hay algún aspecto que quieras destacar que no hayamos abordado?

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Javier Jiménez Barco: Simplemente reiterar mi agradecimiento a Lorenzo Pascual por confiarme este proyecto. Disfruto enormemente con cada libro que me encarga. También quiero dar las gracias a mi amigo Alberto Franco por organizarme aquella partida del juego de Monolith, lo que me permitió elaborar una reseña muy completa del apartado de juegos de mesa.

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Jordi Ojeda: Ha sido un auténtico placer charlar contigo, como siempre. Te deseo el mayor de los éxitos, porque tu suerte es también la nuestra y ojalá se traduzca en la publicación de ese tercer volumen. Este díptico es una excelente plataforma para adentrarse en tus traducciones de Howard y en toda su obra canónica.

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Hemos asistido a la presentación del libro Conan el Bárbaro en el cómic, el cine y la televisión, que forma un díptico con el volumen publicado hace seis meses, Conan el Bárbaro: Su travesía por la literatura, en esta conversación con su autor, Javier Jiménez Barco. Un placer, Javier, y hasta la próxima.

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Javier Jiménez Barco: El placer ha sido mío, Jordi. Hasta la próxima, un abrazo.

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Jordi Ojeda: ¡Adiós!
